Suelo marcar los libros que leo. Se que para muchos es un delito, pero suelo señalar las frases, palabras, sentidos que me sorprenden. Es una costumbre, maldita o no, pero que me gusta por que siento que el libro me pertenece aún más.
Acabo de terminar de leer "El amor en tiempos de cólera", de Gabriel García Márquez. Tendría que haberlo terminado hace varios años, lo admito, pero en su momento no fue el tiempo adecuado y decidí retomarlo cuatro años después.
Esta vez quisiera compartir ciertas partes de este libro curioso. Insoportable de a ratos, denso, inestable, largo.... pero apasionante, atrapante, delirante y hermosamente escrito en otras.
Aquí van ciertas partes que me gustaron, espero que las disfruten:
"Con una familiaridad que le dolió en sus entrañas por su audacia tardía"
"por pura distracción de la fatalidad"
"En el curso de los años ambos llegaron por distintos caminos a la conclusión sabia de que no era posible vivir juntos de otro modo, ni amarse de otro modo: nada en este mundo era más dificil que el amor"
"desde los atajos por donde se escapaba del desencanto"
"cómo pensaba ella que debían enamorarse las mujeres del cine para que los amores dolieran menos que los de la vida"
"la muerte diaria al atardecer"
"pensó que cada uno de los instantes del día, que antes habían sido más que sus aliados, sus cómplices juramentados, empezaban a conspirar en contra suya"
"lo hubiera estremecido el relámpago pánico de que la puta muerte iba a ganarle sin remedio su encarnizada guerra de amor"
"Solitario entre la muchedumbre del muelle, se había dicho con un golpe de rabia: el corazón tiene mas cuartos que un hotel de putas"
"Así se sentía ella sin él, sintíendolo estar donde no estaba"
"Se ofuscó al saludarlo, y él se ofuscó más con la ofuscación de ella. la conciencia de que se comportaban como novios los ofuscó más aún, y la conciencia de que ambos estaban ofuscados acabó de ofuscarlos hasta el punto de que el Capitán Samaritano lo advirtió con uin trémulo de compasión"
"Pues habían vivido juntos lo bastante para darse cuenta de que el amor era el amor en cualquier tiempo y en cualquier parte, pero tanto más denso cuanto más cerca de la muerte".
miércoles, 26 de diciembre de 2007
viernes, 21 de diciembre de 2007
martes, 18 de diciembre de 2007
DIARIO DE VIAJE - PARTE I - CAPITULO III

CAPITULO III: La retirada
Cuanto más amor tiene uno por su ciudad natal es cuando vuelve a su vientre. Bajar del puerto, oler esa esencia porteña que solo diciembre y febrero tienen. Esa sensación de humedad usada, donde hasta el olor a basura es por un instante perfume. Cuando uno vuelve siempre pasa por los monumentos más destacados. Ya sea por su ubicación o por la de uno, pero es cuando uno promete convertirse en turista en su propia ciudad sabiendo que hay tantas cosas para conocer.... esa promesa se vuelve ficticia cuando después de unos días de rutina uno extraña la playa, la montaña o donde sea que haya estado.
El primer día en la ciudad propia siempre es un día de felicidad. Reencuentro con la gente que se quedó, volver a vivir las calles del barrio, la familiaridad de las caras desconocidas.... todo es nuevo y viejo al a vez y en ese sabor agridulce uno se encuentra realmente.
La vuelta muchas veces son difíciles, agotadoras, sobradoras... uno piensa por que no se habrá quedado unos días más pero por otro lado sabe que necesita estar en su lugar.
La cama de uno lo espera con los pozos nuevos que serán vueltos a llenar después de unos días de vacío y las cosas, si no hubo una mano molesta de por medio, yacen tal cual uno las dejó.
Cuanto más amor tiene uno por su ciudad natal es cuando vuelve a su vientre. Bajar del puerto, oler esa esencia porteña que solo diciembre y febrero tienen. Esa sensación de humedad usada, donde hasta el olor a basura es por un instante perfume. Cuando uno vuelve siempre pasa por los monumentos más destacados. Ya sea por su ubicación o por la de uno, pero es cuando uno promete convertirse en turista en su propia ciudad sabiendo que hay tantas cosas para conocer.... esa promesa se vuelve ficticia cuando después de unos días de rutina uno extraña la playa, la montaña o donde sea que haya estado.
El primer día en la ciudad propia siempre es un día de felicidad. Reencuentro con la gente que se quedó, volver a vivir las calles del barrio, la familiaridad de las caras desconocidas.... todo es nuevo y viejo al a vez y en ese sabor agridulce uno se encuentra realmente.
La vuelta muchas veces son difíciles, agotadoras, sobradoras... uno piensa por que no se habrá quedado unos días más pero por otro lado sabe que necesita estar en su lugar.
La cama de uno lo espera con los pozos nuevos que serán vueltos a llenar después de unos días de vacío y las cosas, si no hubo una mano molesta de por medio, yacen tal cual uno las dejó.
Uruguay ha quedado atras...
Es bueno estar de nuevo en casa... aunque sea por poco
PRÓXIMAMENTE:
DIARIO DE VIAJE PARTE II – NORTE ARGENTINO Y BOLIVIA
PRÓXIMAMENTE:
DIARIO DE VIAJE PARTE II – NORTE ARGENTINO Y BOLIVIA
DIARIO DE VIAJE - PARTE I - CAPITULO II

CAPITULO II: La estadía
Uruguay tiene un “no se que” que angustia. Mucho tiempo en sus tierras lleva a pensar demasiado y por ende a replanteares muchas cosas. Hay veces que eso es bueno, otras que conlleva un desastre oculto.
Es como si Uruguay se quedara en el tiempo. No el Uruguay de edificios altos con paredes de vidrio para ver el mar/rio y sus atardeceres, sino el Uruguay nativo. El de calles intransitadas por argentinos y brasileños que irrumpen cada verano, el que tiene bares oscuros de mesas de pool comidas por el tiempo, el de “El dorado” y las torta fritas y panchos de carritos plateados en las esquinas. También el de las murgas barriales que se preparan en los descampados para febrero y el de los barrios de casas de un solo piso donde los chiquilines juegan al fútbol en la vereda hasta las 2 de mañana. En el que las motos y bicicletas gobiernan y todavía hay calles de tierra.
Ese es el Uruguay que no cambia, el nativo, el de todos los días, el que impresiona por que en los 21 años de vida tiene las mismas pintadas políticas de blancos y colorados ocultos en nuevos nombres.
Y ese es el Uruguay que me angustia, no por su estadía permanente en un segundo del tiempo sino por su “no se que”. Ese imposible de explicar pero tan real como su olor, ese olor a viejo usado lavado con un suavizante fragancia “Maldonado”.Y eso es lo que siento ahora, en ésta, mi segunda tierra... que tanto me alegra y tanto me amarga...
Uruguay tiene un “no se que” que angustia. Mucho tiempo en sus tierras lleva a pensar demasiado y por ende a replanteares muchas cosas. Hay veces que eso es bueno, otras que conlleva un desastre oculto.
Es como si Uruguay se quedara en el tiempo. No el Uruguay de edificios altos con paredes de vidrio para ver el mar/rio y sus atardeceres, sino el Uruguay nativo. El de calles intransitadas por argentinos y brasileños que irrumpen cada verano, el que tiene bares oscuros de mesas de pool comidas por el tiempo, el de “El dorado” y las torta fritas y panchos de carritos plateados en las esquinas. También el de las murgas barriales que se preparan en los descampados para febrero y el de los barrios de casas de un solo piso donde los chiquilines juegan al fútbol en la vereda hasta las 2 de mañana. En el que las motos y bicicletas gobiernan y todavía hay calles de tierra.
Ese es el Uruguay que no cambia, el nativo, el de todos los días, el que impresiona por que en los 21 años de vida tiene las mismas pintadas políticas de blancos y colorados ocultos en nuevos nombres.
Y ese es el Uruguay que me angustia, no por su estadía permanente en un segundo del tiempo sino por su “no se que”. Ese imposible de explicar pero tan real como su olor, ese olor a viejo usado lavado con un suavizante fragancia “Maldonado”.Y eso es lo que siento ahora, en ésta, mi segunda tierra... que tanto me alegra y tanto me amarga...
miércoles, 12 de diciembre de 2007
DIARIO DE VIAJE - PARTE I - capitulo I

CAPITULO I: La llegada
Piso tierra oriental y ya me siento mejor.
El olor a cuero nuevo usado no me llega hasta que alcanzo el mercado del puerto, en Montevideo.
A mis acompañantes de este viaje se les escapan sus primeras palabras. Ningún secreto: los otros pasajeros de este cruce son mis progenitores y sus primeras palabras "Tú" y "Ta". Yo por vaga inercia, los imito.
Piso tierra oriental y ya me siento mejor.
El olor a cuero nuevo usado no me llega hasta que alcanzo el mercado del puerto, en Montevideo.
A mis acompañantes de este viaje se les escapan sus primeras palabras. Ningún secreto: los otros pasajeros de este cruce son mis progenitores y sus primeras palabras "Tú" y "Ta". Yo por vaga inercia, los imito.
Ahora todo huele a aliento de cerveza rancia y "medio y medio" (bebida típica y de receta secreta del puerto). Paramos a comer un "Chivito" (no el animal sino un sandwich de churrasco tomate, lechuga y huevo) en las cocinas de los restaurantes de ese gran galpón que alguna vez fue refugio de cuanta persona quisiera escapar de un destino condenado. Ya llenos, caminamos hasta la galería de siempre. Señalamos los cuadros que cada año prometemos comprar y nos deleitamos con los nuevos.
Entramos a un nuevo taller y su artista, hombre robusto de bigote finito y pincel en mano, nos recibe, manchado de azul y con una sonrisa amplia. Nos explica lo que yo ya había pensado: su trabajo se basa en aplicar sus influencias cubistas en figuras de papel maché. Me gustaría comprarle el unicornio azul o el caballo "freedom", porque con tan solo mirarlo me hacen sentir bien.
Escucho de lejos los tambores que me llaman y cuando me acerco, los músicos me saludan con un movimiento leve de cabeza para no perder la concentración.
Creo ver a mis ancestros en cada esquina. Respiro aliviada porque acá nadie me pregunta cuantas sesiones de cama solar tomé o me compara con el color de una tostada quemada por la mañana.
Volvemos a emprender viaje. Pasamos por el parque Rodó e incomprensiblemente mi papá pone un disco de los ´90 que aulla canciones de amor.
Las calles de Montevideo me hacen pensar en una vieja Buenos Aires que nunca llegué a conocer.
Extraño... No podemos salir de Montevideo... Como si fuera un laberinto, cada vez que llegamos a una esquina, un amable señor de pechera amarilla, nos indica que por ahí pasará el cortejo de la noche de las luces, una fiesta que llena a la ciudad de personas alegres que despiden el año que se va.
Veo la primera ANCAP (como decir YPF, ESSO o PETROBRAS en idioma yorugua) e indudablemtente me entero que llegué a Uruguay. Pienso en un sandwich helado conaprole (Digamos dos obleas con una tableta de helado en el medio que se vuelve irresistible con tan solo mirarlo...)
Gracias a dios el disco se acabó y Silvio Rodriguez empieza a sonar en el estéreo del auto....
dormito y el movimiento del auto apaga las luces.
Entramos a un nuevo taller y su artista, hombre robusto de bigote finito y pincel en mano, nos recibe, manchado de azul y con una sonrisa amplia. Nos explica lo que yo ya había pensado: su trabajo se basa en aplicar sus influencias cubistas en figuras de papel maché. Me gustaría comprarle el unicornio azul o el caballo "freedom", porque con tan solo mirarlo me hacen sentir bien.
Escucho de lejos los tambores que me llaman y cuando me acerco, los músicos me saludan con un movimiento leve de cabeza para no perder la concentración.
Creo ver a mis ancestros en cada esquina. Respiro aliviada porque acá nadie me pregunta cuantas sesiones de cama solar tomé o me compara con el color de una tostada quemada por la mañana.
Volvemos a emprender viaje. Pasamos por el parque Rodó e incomprensiblemente mi papá pone un disco de los ´90 que aulla canciones de amor.
Las calles de Montevideo me hacen pensar en una vieja Buenos Aires que nunca llegué a conocer.
Extraño... No podemos salir de Montevideo... Como si fuera un laberinto, cada vez que llegamos a una esquina, un amable señor de pechera amarilla, nos indica que por ahí pasará el cortejo de la noche de las luces, una fiesta que llena a la ciudad de personas alegres que despiden el año que se va.
Veo la primera ANCAP (como decir YPF, ESSO o PETROBRAS en idioma yorugua) e indudablemtente me entero que llegué a Uruguay. Pienso en un sandwich helado conaprole (Digamos dos obleas con una tableta de helado en el medio que se vuelve irresistible con tan solo mirarlo...)
Gracias a dios el disco se acabó y Silvio Rodriguez empieza a sonar en el estéreo del auto....
dormito y el movimiento del auto apaga las luces.
lunes, 12 de noviembre de 2007

a veces pasa que las cosas son tan irreales, o flotantes, que ni siquiera otra persona te puede confirmar que las hayas vivido.
Otras veces, no hace falta que nadie te las confirme, por que quieras o no, en el fondo o en la superficie sabes que pasaste a través de ellas y que de alguna forma u otra te marcaron.
todo marca, las acciones, los momentos, las nadas y sobre todo lo vivido.
somos una construcción de cada milésima vivida pero también de cada milésima no vivida, ya sea por que quisimos o por que las imprecisiones del tiempo hicieron que fuese así.
Otras veces, no hace falta que nadie te las confirme, por que quieras o no, en el fondo o en la superficie sabes que pasaste a través de ellas y que de alguna forma u otra te marcaron.
todo marca, las acciones, los momentos, las nadas y sobre todo lo vivido.
somos una construcción de cada milésima vivida pero también de cada milésima no vivida, ya sea por que quisimos o por que las imprecisiones del tiempo hicieron que fuese así.
miércoles, 7 de noviembre de 2007
Fotocópiame si me necesitas
Se miran entre ellos. De fondo, Rodrigo canta sus últimas estrofas por la radio (“Soy cordobés/ me gusta el vino y la joda/...”). Vuelven a mirarse pero esta vez con los ojos entrecerrados, como si intentaran divisarse mejor uno al otro. “Mañana abrís vos”, señala el de menor estatura mientras ceba un mate y se lo pasa a su contrincante con una expresión de victoria. Sabe que ha ganado y que no deberá despertarse a las 5 de la mañana para abrir a las 6.30. “Reíte nomás, que si yo abro mañana a vos te toca el sábado”. Se sabe triunfador y por primera vez en toda la mañana recibe con una sonrisa a los estudiantes que se abalanzan sobre el mostrador pidiendo apuntes y fotocopias.
Son las 9 de la mañana en una fotocopiadora cercana a la sede Tucumán de la Universidad de Buenos Aires (UBA), pero esta escena se puede presenciar en varios puntos de la Capital Federal. Donde hay una sede de la UBA hay por lo menos 6 o 7 fotocopiadoras a su alrededor.
Sin embargo, la ley 11.723 de Derecho de Autor y Concordantes del Código Procesal Penal de la Republica Argentina imputa a todo aquel que reproduzca ilegalmente copias de libros y/u otras obras. Por su parte la Cámara Argentina del Libro promueve y protege los derechos de propiedad intelectual frente a cualquier acto que atente contra ellos. Según su estatuto, su misión es combatir con y por todos los medios posibles la piratería y la reprografía ilegal.
Según cálculos recientes, Iberoamérica reproduce 250.000 millones de páginas al año. El Grupo de Entidades de Derechos Reprográficos de Iberoamérica (CEDRI) que agrupa a asociaciones de España, Brasil, México, Costa Rica, Colombia, Ecuador y Argentina cree que la situación es cada vez más grave y plantean que la única solución es que los autores reciban también beneficios por la reproducción de sus obras.
En un reportaje para el diario español “El País”, el escritor argentino Rodrigo Fresán contó una anécdota que ilustra significativamente la situación de las fotocopias en las universidades: "Un día me llamó mi editor muy contento para decirme que uno de mis libros iba ser usado como libro de texto para determinada materia en la Universidad de la Plata. El día que fui a hablar con los alumnos me encontré en el quiosco de la universidad el libro fotocopiado en un horrible formato apaisado. Se lo dije al rector y me contestó que lo importante era que me leyeran". A pesar de conocer la ilegalidad del recurso, los estudiantes universitarios de instituciones públicas no siempre pueden comprar el material original de estudio y las fotocopias aparecen como sus salvadoras. Por lo tanto ¿Deben dejar de estudiar por el simple hecho de no poder comprar los libros? ¿O deben seguir consumiendo fotocopias para lograr finalizar sus estudios? Aún siendo extremista y sobredimensionado, esto es real. La diferencia entre un libro de aproximadamente 200 páginas y su formato en fotocopias ronda los 10 pesos, con lo cual se puede comprar las fotocopias de otro libro.
La cuestión ha sido planteada: la reproducción de libros a través de fotocopias representan una pérdida económica significativa para los autores y editoriales pero es una gran ayuda para los estudiantes de pocos recursos.
Solo queda definir una cuestión: quiénes serán los beneficiados y quiénes los perjudicados.
Son las 9 de la mañana en una fotocopiadora cercana a la sede Tucumán de la Universidad de Buenos Aires (UBA), pero esta escena se puede presenciar en varios puntos de la Capital Federal. Donde hay una sede de la UBA hay por lo menos 6 o 7 fotocopiadoras a su alrededor.
Sin embargo, la ley 11.723 de Derecho de Autor y Concordantes del Código Procesal Penal de la Republica Argentina imputa a todo aquel que reproduzca ilegalmente copias de libros y/u otras obras. Por su parte la Cámara Argentina del Libro promueve y protege los derechos de propiedad intelectual frente a cualquier acto que atente contra ellos. Según su estatuto, su misión es combatir con y por todos los medios posibles la piratería y la reprografía ilegal.
Según cálculos recientes, Iberoamérica reproduce 250.000 millones de páginas al año. El Grupo de Entidades de Derechos Reprográficos de Iberoamérica (CEDRI) que agrupa a asociaciones de España, Brasil, México, Costa Rica, Colombia, Ecuador y Argentina cree que la situación es cada vez más grave y plantean que la única solución es que los autores reciban también beneficios por la reproducción de sus obras.
En un reportaje para el diario español “El País”, el escritor argentino Rodrigo Fresán contó una anécdota que ilustra significativamente la situación de las fotocopias en las universidades: "Un día me llamó mi editor muy contento para decirme que uno de mis libros iba ser usado como libro de texto para determinada materia en la Universidad de la Plata. El día que fui a hablar con los alumnos me encontré en el quiosco de la universidad el libro fotocopiado en un horrible formato apaisado. Se lo dije al rector y me contestó que lo importante era que me leyeran". A pesar de conocer la ilegalidad del recurso, los estudiantes universitarios de instituciones públicas no siempre pueden comprar el material original de estudio y las fotocopias aparecen como sus salvadoras. Por lo tanto ¿Deben dejar de estudiar por el simple hecho de no poder comprar los libros? ¿O deben seguir consumiendo fotocopias para lograr finalizar sus estudios? Aún siendo extremista y sobredimensionado, esto es real. La diferencia entre un libro de aproximadamente 200 páginas y su formato en fotocopias ronda los 10 pesos, con lo cual se puede comprar las fotocopias de otro libro.
La cuestión ha sido planteada: la reproducción de libros a través de fotocopias representan una pérdida económica significativa para los autores y editoriales pero es una gran ayuda para los estudiantes de pocos recursos.
Solo queda definir una cuestión: quiénes serán los beneficiados y quiénes los perjudicados.
Autopsia de un alma eterna,
Julio Cortázar, El hombre que se permitió jugar
"En suma, desde pequeño, mi relación con las palabras, con la escritura, no se diferencia de mi relación con el mundo en general. Yo parezco haber nacido para no aceptar las cosas tal como me son dadas."
Mezcla polémica de político, escritor, humano y Dios, Julio Cortázar quiebra el límite entre lo inimaginable y lo verdadero, entre una fantasía que muchas veces quisimos creer y una realidad odiosa y difícil de olvidar.
Cada vez que las hojas de un libro de Cortázar llegan a su desenlace, “la vida parece más vivible”. La autonomía de sus palabras pasan a la sangre como una transfusión de liberación, donde el alma del lector se transforma en un objeto más del mundo, que no acepta haber sido creado por nada.
Cortázar nos aterroriza, por que admite. Nos cuenta la verdad desde un punto de vista muy distinto al usual. Nos demuestra el lado oscuro, profundo, pero a la vez maravilloso y único de la cotidianeidad. “No hago diferencia entre lo real y lo fantástico, para mi, lo fantástico procede siempre de lo cotidiano”.
Genio, en un principio ignorado, humillado y desplazado por un mundo intelectual que no sabía aceptar lo nuevo que quebraba con el paradigma de lo clásico/ moderno, fue tan solo ese mortal nacido accidentalmente en 1914, en un país llamado Bruselas, invadido por los Alemanes y bajo el infierno de una primera guerra mundial que lo dejó varado en el mundo hasta que pudo pisar suelo argentino en 1918. Con una infancia solitaria transcurrida en Banfield y la habilidad de enseñarle al resto, la vida de Cortázar nunca fue fácil reflejándolo en diversos de sus escritos. Un antiperonismo lo llevo al exilio y lo estacionó en Paris, donde la vida para él siguió transcurriendo, entre traducciones y causas sociales que lo hacían encontrar pasiones perdidas para luego cederlas a la sensibilidad de los lectores. Amante del Jazz y de su mujer la periodista canadiense Carol Dunlop con la cual compartió los últimos años de ambos, este autor de infantil pero
Perseverante mirada, murió en 1984, cuando la leucemia atacó su vida.
Es difícil hablar de Cortázar, cada comparación puede resultar una depresión para el comparado. Nadie debe habernos regalado tantas noches desveladas por darse cuenta que en realidad cada uno de los objetos que nos rodeaban no eran lo que parecían ni siquiera nosotros mismos, como él.
¿Habrá imaginado Cortázar alguna vez que sus criaturas literarias tendrían vida eterna?
Hace rato que Cortázar, estando y no, sabe llegarle a la gente. En cada tapa de cada uno de sus libros, en cada pliegue, en cada solapa, se repite la misma imagen. Ese hombre a veces con barba, a veces joven, a veces adulto, que observa con una mirada tranquila, dura, llena de expresiones que se confunden con su infantilismo y una tristeza sin un “por que” explicable.
“Los mitos viven de volver”, pero Cortázar no es un mito, por que nunca se fue. Es una excepción humana entendida a través de una excepción literaria. Leer a Cortázar es leer un cosmos nuevo. Es saber que al terminar la cabeza quedará literalmente partida en dos por ideas antes no imaginadas pero tan ciertas y verdaderas que roban el tiempo para ser analizadas. Amante de todo, pero sobre todo de las palabras que expresan o intentan expresar los tempestades de ideas, sueños y ocultismos que se analizaron en nuestras cabezas y se crearon en la suya, solo él se permitió jugar. Las palabras fueron su fuga de la tierra que tantas veces describió como infierno.
Falleció dejándonos con su cuerpo eternamente joven una metáfora, como si quisiese ser recordado como un muchacho que todavía era capaz de darnos mucho más. En cada una de sus hojas escritas, en cada renglón, en cada palabra, ese adulto infantil busca la complicidad del que lee, esa que encuentra y desafía a seguir persistiendo. Mira irónicamente al que intenta volver a sus criaturas una polémica, al que cree y dice que sus obras no siguen hablando y al que calla que su profesión no era ser inventor o mejor dicho, jugador.
Julio Cortázar, El hombre que se permitió jugar
"En suma, desde pequeño, mi relación con las palabras, con la escritura, no se diferencia de mi relación con el mundo en general. Yo parezco haber nacido para no aceptar las cosas tal como me son dadas."
Mezcla polémica de político, escritor, humano y Dios, Julio Cortázar quiebra el límite entre lo inimaginable y lo verdadero, entre una fantasía que muchas veces quisimos creer y una realidad odiosa y difícil de olvidar.
Cada vez que las hojas de un libro de Cortázar llegan a su desenlace, “la vida parece más vivible”. La autonomía de sus palabras pasan a la sangre como una transfusión de liberación, donde el alma del lector se transforma en un objeto más del mundo, que no acepta haber sido creado por nada.
Cortázar nos aterroriza, por que admite. Nos cuenta la verdad desde un punto de vista muy distinto al usual. Nos demuestra el lado oscuro, profundo, pero a la vez maravilloso y único de la cotidianeidad. “No hago diferencia entre lo real y lo fantástico, para mi, lo fantástico procede siempre de lo cotidiano”.
Genio, en un principio ignorado, humillado y desplazado por un mundo intelectual que no sabía aceptar lo nuevo que quebraba con el paradigma de lo clásico/ moderno, fue tan solo ese mortal nacido accidentalmente en 1914, en un país llamado Bruselas, invadido por los Alemanes y bajo el infierno de una primera guerra mundial que lo dejó varado en el mundo hasta que pudo pisar suelo argentino en 1918. Con una infancia solitaria transcurrida en Banfield y la habilidad de enseñarle al resto, la vida de Cortázar nunca fue fácil reflejándolo en diversos de sus escritos. Un antiperonismo lo llevo al exilio y lo estacionó en Paris, donde la vida para él siguió transcurriendo, entre traducciones y causas sociales que lo hacían encontrar pasiones perdidas para luego cederlas a la sensibilidad de los lectores. Amante del Jazz y de su mujer la periodista canadiense Carol Dunlop con la cual compartió los últimos años de ambos, este autor de infantil pero
Perseverante mirada, murió en 1984, cuando la leucemia atacó su vida.
Es difícil hablar de Cortázar, cada comparación puede resultar una depresión para el comparado. Nadie debe habernos regalado tantas noches desveladas por darse cuenta que en realidad cada uno de los objetos que nos rodeaban no eran lo que parecían ni siquiera nosotros mismos, como él.
¿Habrá imaginado Cortázar alguna vez que sus criaturas literarias tendrían vida eterna?
Hace rato que Cortázar, estando y no, sabe llegarle a la gente. En cada tapa de cada uno de sus libros, en cada pliegue, en cada solapa, se repite la misma imagen. Ese hombre a veces con barba, a veces joven, a veces adulto, que observa con una mirada tranquila, dura, llena de expresiones que se confunden con su infantilismo y una tristeza sin un “por que” explicable.
“Los mitos viven de volver”, pero Cortázar no es un mito, por que nunca se fue. Es una excepción humana entendida a través de una excepción literaria. Leer a Cortázar es leer un cosmos nuevo. Es saber que al terminar la cabeza quedará literalmente partida en dos por ideas antes no imaginadas pero tan ciertas y verdaderas que roban el tiempo para ser analizadas. Amante de todo, pero sobre todo de las palabras que expresan o intentan expresar los tempestades de ideas, sueños y ocultismos que se analizaron en nuestras cabezas y se crearon en la suya, solo él se permitió jugar. Las palabras fueron su fuga de la tierra que tantas veces describió como infierno.
Falleció dejándonos con su cuerpo eternamente joven una metáfora, como si quisiese ser recordado como un muchacho que todavía era capaz de darnos mucho más. En cada una de sus hojas escritas, en cada renglón, en cada palabra, ese adulto infantil busca la complicidad del que lee, esa que encuentra y desafía a seguir persistiendo. Mira irónicamente al que intenta volver a sus criaturas una polémica, al que cree y dice que sus obras no siguen hablando y al que calla que su profesión no era ser inventor o mejor dicho, jugador.
martes, 23 de octubre de 2007
Las perturbaciones de Penélope

Fueron 139 los días que esperó. En cada uno, la horas pasaban como si fuesen eternidades continuas, que lograban angustiarla hasta que lágrimas de sangre recorrían sus muñecas. No era una agresión, ni la corrupción de su cuerpo ya casi desintegrado, tan solo era una espera prolongada donde ya nada se sentía, nada dolía, solo pasaba.
No estaba de acuerdo con el orden cronológico de su vida, los errores habían llegado antes que la espera y lograban hacerla más larga, más mortificadora. Había demasiado para pensar y demasiado tiempo para hacerlo. Imaginaba los indefinidos finales similares, distintos, opuestos, que los errores de su vida hubiesen podido tener. “Un camino, infinitas desviaciones, una anomalía.. yo” se la oía repetir cada vez que caminaba hacia la estación, como si temiese equivocarse de sendero y terminar en algún otro rincón del mundo...
Siempre supe que la nada la molestaba. Como si le angustiara saber que nunca llegaría a recorrer todos los caminos, a copar todos los espacios, a usar todas las palabras o a utilizar cada segundo en algo más que una espera interminable y el temor a sucumbir antes que esta llegase a su fin. Sin embargo, seguía recorriendo el mismo sendero, espantada, oprimida por el deber de transitar una y otra vez al mismo destino lleno de vacíos y tiempos cubiertos por la misma nada.
Así era ella, no había espacio, tiempo, dilema que la satisficiera, era amante ardiente del todo y enemiga voraz de la nada, sufrió la enfermedad de la soledad hasta el ultimo instante de su existencia.
La vez que cruzó el puente para luego nunca volver, lo hizo lentamente como si quisiese con cada paso hacer crujir la madera de forma que tan solo ella pudiese oírlo. Pateó una piedra de formas irregulares que rebotó hasta depositarse en el fondo del río. La vio caer, la vio perturbar la corriente y sintió que ella hacia lo mismo, que no era más que un disturbio en el mudo, un tumor no benigno, tampoco maligno, que molestaba por la simple razón de existir y no pertenecer.
La espera ya había sido ya demasiado larga, empezaba a convertirse en una criatura de vida propia que parasitaba en ella y comenzaba a consumirla, a apagarla.
Cruzó el puente sin saber que era la última vez, pensando que volvería como siempre y que seguiría sobreviviendo las eternidades, una tras otra. Pero cuando debió dar el último paso, el que terminaba de recorrer su puente, no pudo, las rodillas le temblaron y sintió casi desvanecerse. Desde ese lugar, desde el próximo paso comenzaba a divisarse la estación, desde ese punto y solo desde ese punto sabría si alguien la aguardaba. No pudo, no podría soportar la repetición de un sendero vacío, una desviación contraria a sus ansias. No pudo, estaba agotada, su cuerpo ya no aguantaba el peso de su mente, y su mente la obligación de vivir. Su “yo” le dijo basta y solo eso bastó para que el final que venía armándose paso a paso, eternidad tras eternidad, llegase por fin. Vio sus pies descalzos, así debía morir. Se quitó el vestido gris que alguna vez había sido color canela y sintió estremecer, con la brisa del viento húmedo, el que ya empezaba a dejar de ser su cuerpo. Se avecinaba tormenta. Cruzó la barandilla que separaba el puente del río aferrándose fuertemente a ella como si parte de su cuerpo no quisiese ser desechado en las aguas frías. Sus últimas palabras lo resumieron todo: “perdón, ya no puedo esperarte más”.
No estaba de acuerdo con el orden cronológico de su vida, los errores habían llegado antes que la espera y lograban hacerla más larga, más mortificadora. Había demasiado para pensar y demasiado tiempo para hacerlo. Imaginaba los indefinidos finales similares, distintos, opuestos, que los errores de su vida hubiesen podido tener. “Un camino, infinitas desviaciones, una anomalía.. yo” se la oía repetir cada vez que caminaba hacia la estación, como si temiese equivocarse de sendero y terminar en algún otro rincón del mundo...
Siempre supe que la nada la molestaba. Como si le angustiara saber que nunca llegaría a recorrer todos los caminos, a copar todos los espacios, a usar todas las palabras o a utilizar cada segundo en algo más que una espera interminable y el temor a sucumbir antes que esta llegase a su fin. Sin embargo, seguía recorriendo el mismo sendero, espantada, oprimida por el deber de transitar una y otra vez al mismo destino lleno de vacíos y tiempos cubiertos por la misma nada.
Así era ella, no había espacio, tiempo, dilema que la satisficiera, era amante ardiente del todo y enemiga voraz de la nada, sufrió la enfermedad de la soledad hasta el ultimo instante de su existencia.
La vez que cruzó el puente para luego nunca volver, lo hizo lentamente como si quisiese con cada paso hacer crujir la madera de forma que tan solo ella pudiese oírlo. Pateó una piedra de formas irregulares que rebotó hasta depositarse en el fondo del río. La vio caer, la vio perturbar la corriente y sintió que ella hacia lo mismo, que no era más que un disturbio en el mudo, un tumor no benigno, tampoco maligno, que molestaba por la simple razón de existir y no pertenecer.
La espera ya había sido ya demasiado larga, empezaba a convertirse en una criatura de vida propia que parasitaba en ella y comenzaba a consumirla, a apagarla.
Cruzó el puente sin saber que era la última vez, pensando que volvería como siempre y que seguiría sobreviviendo las eternidades, una tras otra. Pero cuando debió dar el último paso, el que terminaba de recorrer su puente, no pudo, las rodillas le temblaron y sintió casi desvanecerse. Desde ese lugar, desde el próximo paso comenzaba a divisarse la estación, desde ese punto y solo desde ese punto sabría si alguien la aguardaba. No pudo, no podría soportar la repetición de un sendero vacío, una desviación contraria a sus ansias. No pudo, estaba agotada, su cuerpo ya no aguantaba el peso de su mente, y su mente la obligación de vivir. Su “yo” le dijo basta y solo eso bastó para que el final que venía armándose paso a paso, eternidad tras eternidad, llegase por fin. Vio sus pies descalzos, así debía morir. Se quitó el vestido gris que alguna vez había sido color canela y sintió estremecer, con la brisa del viento húmedo, el que ya empezaba a dejar de ser su cuerpo. Se avecinaba tormenta. Cruzó la barandilla que separaba el puente del río aferrándose fuertemente a ella como si parte de su cuerpo no quisiese ser desechado en las aguas frías. Sus últimas palabras lo resumieron todo: “perdón, ya no puedo esperarte más”.
Se soltó.
Su final, simple, el mismo de la piedra que una eternidad antes había golpeado,
una perturbación, un estorbo quizás, en la corriente.
una perturbación, un estorbo quizás, en la corriente.
I

Mi mente naufraga entre fragmentos
Las cicatrices se abren
los sueños rotos escapan por ellas
La angustia envuelve mi febril garganta
Duelen los oídos sangrantes
Roban mis pesadillas las noches
cumplen en asustarme
en pelearme
en ganarme
Quiebro la mirada
Me escondo en mi sombra
Corrompo mi piel con la sal de mis lágrimas
Rompo mis labios con los dientes
Gana terreno sobre la sangre
la angustia pesada por los pensamientos
Sudan mis manos los dolores
que por los poros escapan
En el horno estallan mis visiones
se resecan y descascaran
Rompo el contrato que nunca llegué a firmar
y no entiendo la culpa
se que no soy yo por ahora pero espero volver a ser
Las cicatrices se abren
los sueños rotos escapan por ellas
La angustia envuelve mi febril garganta
Duelen los oídos sangrantes
Roban mis pesadillas las noches
cumplen en asustarme
en pelearme
en ganarme
Quiebro la mirada
Me escondo en mi sombra
Corrompo mi piel con la sal de mis lágrimas
Rompo mis labios con los dientes
Gana terreno sobre la sangre
la angustia pesada por los pensamientos
Sudan mis manos los dolores
que por los poros escapan
En el horno estallan mis visiones
se resecan y descascaran
Rompo el contrato que nunca llegué a firmar
y no entiendo la culpa
se que no soy yo por ahora pero espero volver a ser
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